En 1983, el australiano David Lord apalabró a los mejores jugadores del mundo para organizar una liga independiente de la International Bord of Rugby (IRB). El máximo ente mundial había postergado y frustrado varias ideas de copas del mundo por temor al cambio, pero la propuesta de Lord preocupo y motivó el inicio de una nueva etapa. Había que cambiar. En 1985, tras varias negociaciones, la potencias del rugby dieron vida a la William Webb Ellis Cup en memoria a un joven que, en 1823, descubrió el deporte conocido como "fútbol según las leyes del Colegio de Rugby". El viernes 22 de mayo de 1987 el sueño se hizo realidad. En el Eden Park de Auckland, Nueva Zelanda derrotó a Italia. Tras un ceremonia de apertura tan mal organizada que invitaba a la risa, los All Blacks comenzaron su camino a la gloria. De la mano del debutante Michael Jones, luego la figura del torneo, los fabulosos neocelandeses arrasarían en toda la competencia: 70 a 6 a Italia, 74 a 13 Fiji, 46 a 15 a Argentina, 30 a 3 a Escocia, 49 a 6 a Gales y 29 a 9 a Francia en la final. El primer mundial de la historia mostró un rugby entretenido. Los amigos de la International Board respiraron tranquilos por el juego limpio el respeto por rivales y árbitros. Lo más importante se había logrado: mantener la esencia del rugby. Dentro de una serie de partidos agradables, sobresalió un jugado en Sidney que quedará en la historia por su brillantez: Francia 30 - Australia 24. Faltando 60 segundos para el final y tras 80 minutos del más alto nivel, los galos se fueron con todo el ataque y desnivelaron. Las posiciones finales dejaron a Nueva Zelanda en primer lugar, seguido por Francia, Gales y Australia. ¿Los Pumas? Quedaron en deuda.
Cuatro años habrían de pasar hasta el jueves 3 de octubre de 1991. En el mítico Twickenham, Inglaterra, los locales enfrentaban a los All Blacks y daban comienzo a la segunda edición del Rugby World Cup. Muchas cosas habían cambiado. Esta vez, la ceremonia fue conmovedora, con un momento cumbre para los argentinos: el ingreso de Hugo Porta a la cancha con la bandera de Argentina y un estadio entero ovacionándolo. Apenas un día después Argentina hacía su mejor performance: frente Australia, caía apenas por 32 - 19. Se abría el camino a la ilusión. Duraría poco. Las derrotas con Samoa Occidental y Gales dejaron otra vez a los Pumas fuera de la Copa en la primera fase. Otro sueño terminó en frustración.
Argentina arrancó con un auspicioso traspié con inglaterra: 24 - 18. Más alla de la derrota, había razones para soñar. Otra vez el esfuerzo puesto en llegar a los cuartos de final. Pero la realidad se hizo presente otra vez. Las derrotas ante Western Samoa e Italia frustraban el sueño. Un mundo profecionalizado se alejaba cada vez más de un rugby argentino estático y sin ganas de cambiar. Sudáfrica organizó el mundial para ganarlo y lo hizo. Terminó la primera fase con tres victorias claras: 27 - 18 a Australia, 21 - 8 a Rumania y 20 - 0 a Canandá. En cuartos de final venciero a Samoa y en semis a Francia. Los All Blacks esperaban en la final.El partido se jugó el 24 de junio de 1995 en el estadio Ellis Park de Johannesburgo ante 62.000 personas. Alli apareció la fuerza física y espiritual de un grupo de jugadores que contaban con el apoyo de todos, hasta de aquellos sectores que tradicionalmente le daban la espalda a un deporte exclusivo. La tapa del diario The Showetan, que jamás se había ocupada del rugby, era el más claro ejemplo: "Viva Amabokoboko" (Vivan los Springboks).



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